Por Juliana Ochoa
En las últimas décadas, la fertilidad humana ha experimentado un cambio significativo, no solo desde el punto de vista biológico, sino también social. El retraso en la edad materna ha sido impulsado por factores educativos, profesionales y culturales y, por ende, ha modificado el perfil reproductivo de la población.
Hoy, un número creciente de mujeres inicia la búsqueda gestacional a partir de los 30–35 años, una etapa en la que la probabilidad de embarazo comienza a disminuir de forma progresiva.
Aunque este fenómeno suele explicarse en términos hormonales o de reserva ovárica, esta visión resulta incompleta. La evidencia acumulada en los últimos años sitúa al sistema inmunitario como un regulador central tanto de la fertilidad como de la evolución del embarazo.
Desde esta perspectiva, la reproducción humana puede entenderse como un proceso de integración entre distintos sistemas, en el que convergen señales endocrinas, metabólicas y, de forma crítica, mecanismos inmunológicos.
El sistema inmunitario y el embarazo
En este contexto, emerge una de las particularidades más relevantes de la biología reproductiva: para que el embarazo prospere, el organismo materno debe tolerar la presencia de un embrión que, desde el punto de vista inmunológico, es parcialmente distinto.
Lejos de constituir un fenómeno pasivo, esta tolerancia implica una regulación activa mediada por redes celulares y moleculares altamente especializadas.
La respuesta inmunitaria materna no se suprime, sino que se modula de forma precisa para permitir el equilibrio entre vías proinflamatorias y tolerogénicas, incluyendo la participación de linfocitos T reguladores, perfiles de citoquinas y mecanismos de tolerancia periférica, con el objetivo de permitir la implantación, favorecer la placentación y mantener la homeostasis materno-fetal.
Cuando esta regulación se ve alterada, las consecuencias trascienden la infertilidad, manifestándose como fallos de implantación, pérdidas gestacionales recurrentes o complicaciones obstétricas asociadas a una inadecuada adaptación materno-fetal, como el crecimiento intrauterino restringido o determinados síndromes inflamatorios no infecciosos.
Para que el embarazo prospere, el organismo materno debe tolerar la presencia de un embrión que, desde el punto de vista inmunológico, es parcialmente distinto.
Enfermedades autoinmunes y fertilidad
En este escenario, las enfermedades autoinmunes adquieren un papel especialmente relevante, no solo por su frecuencia en esta etapa, sino por su impacto directo en los mecanismos que regulan la implantación y el desarrollo placentario.
Entre ellas, el síndrome antifosfolípido (SAF) constituye uno de los modelos paradigmáticos de disfunción inmunológica en reproducción. Caracterizado por la presencia de anticuerpos antifosfolípidos con efectos trombótico-inflamatorios, compromete la perfusión placentaria desde etapas tempranas del embarazo, incrementando el riesgo de pérdida gestacional y de complicaciones derivadas de una placentación deficiente.
De forma complementaria, otras patologías autoinmunes, como la enfermedad celíaca, contribuyen a modificar el entorno inmunológico gestacional.
En este caso, la exposición al gluten en individuos genéticamente predispuestos desencadena una respuesta inmunitaria sistémica que, más allá de la afectación intestinal, puede alterar la disponibilidad de nutrientes esenciales y generar un estado inflamatorio crónico que impacta tanto en la fertilidad como en la evolución del embarazo cuando no se encuentra adecuadamente controlada.
El papel de las células NK
Más allá de estas entidades clínicas, existe un nivel de regulación aún más especializado, constituido por las células natural killer (NK), predominantemente con fenotipo CD56 bright, localizadas de forma preferente en el útero.
A diferencia de su función clásica en la defensa frente a células infectadas o tumorales, estas células adoptan un perfil funcional particular que favorece la implantación y el desarrollo placentario.
Participan activamente en la remodelación de las arterias espirales y en la interacción con el trofoblasto extravelloso, contribuyendo a establecer un entorno óptimo para el desarrollo embrionario.
Un elemento clave de esta interacción reside en la relación entre los receptores KIR (killer-cell immunoglobulin-like receptors) expresados en las células NK maternas y las moléculas HLA-C del trofoblasto fetal.
Esta interacción, que puede conceptualizarse como un sistema de reconocimiento inmunológico materno-fetal, modula la respuesta inmunitaria local y condiciona procesos críticos como la invasión trofoblástica y la adecuada formación de la placenta.
Un diálogo inmunológico complejo
La integración de estos mecanismos permite al sistema inmunitario modular procesos fundamentales como la implantación y la placentación, determinando en gran medida el curso del embarazo.
En este sentido, la fertilidad y la gestación deben entenderse como el resultado de un diálogo entre distintos sistemas altamente coordinado, en el que la inmunidad no actúa únicamente como sistema de defensa, sino como un mediador dinámico capaz de reconocer, adaptarse y sostener la coexistencia entre dos identidades biológicas distintas.
El éxito reproductivo no depende exclusivamente de la calidad de los gametos ni del entorno hormonal, sino de un diálogo inmunológico preciso, silencioso y profundamente complejo.
Una nueva mirada al fallo reproductivo
En este sentido, la inmunología no pretende ofrecer una respuesta única ni definitiva al fallo reproductivo, sino transformar la manera en que lo interrogamos.
Durante años, el análisis se ha centrado en variables aisladas —células, anticuerpos o marcadores—, aportando información valiosa pero, en ocasiones, insuficiente para explicar la complejidad observada en la práctica clínica.
Hoy, los estudios basados en análisis celulares de alta resolución revelan que la interfase materno-fetal funciona como un ecosistema dinámico, en constante evolución, donde múltiples poblaciones celulares interactúan y se adaptan en el tiempo.
Bajo esta perspectiva, resulta comprensible que mediciones puntuales no logren capturar la totalidad del proceso.
Quizá el verdadero avance no resida únicamente en medir más, sino en comprender mejor las relaciones, los tiempos y los contextos en los que estas ocurren, permitiendo que muchas historias clínicas, antes inexplicables, comiencen finalmente a adquirir coherencia.
Del conocimiento a la práctica clínica
Desde esta mirada, la comprensión de estos procesos no solo amplía el marco conceptual de la biología reproductiva, sino que también redefine el abordaje clínico de la fertilidad.
En un contexto en el que la maternidad se posterga y los perfiles reproductivos continúan evolucionando, este conocimiento adquiere una alta relevancia.
Por tanto, el éxito reproductivo no depende exclusivamente de la calidad de los gametos ni del entorno hormonal, sino de un diálogo inmunológico preciso, silencioso y profundamente complejo: un proceso en el que el sistema inmunitario no solo protege la vida, sino que, en determinadas circunstancias, determina si esta puede iniciarse y sostenerse.
Sobre la autora
Juliana Ochoa Grullón, MD, PhD, es doctora en Medicina por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), egresada en el año 2011.
Realizó su residencia en Inmunología Clínica en el Hospital Clínico San Carlos entre 2013 y 2017, fortaleciendo además su formación con estancias en el Departamento de Medicina – Alergia e Inmunología del Mount Sinai Hospital y en el Departamento de Hematología del MD Anderson Cancer Center.
Posteriormente, obtuvo el grado de Doctorado en Ciencias Biomédicas por la Universidad Complutense de Madrid, con la investigación titulada “Estandarización de la terapia de reemplazo con inmunoglobulina en neoplasias hematológicas de células B” (2021).
Desde 2018 forma parte del Hospital Clínico San Carlos como médico adjunto y responsable del Laboratorio de Autoinmunidad, Alergia e Inmunoquímica del Servicio de Inmunología Clínica. Asimismo, desarrolla consultas especializadas en el Departamento de Inmunología Clínica del Hospital Ruber Internacional.
Cuenta con experiencia en investigación clínica y biomédica, con publicaciones científicas en revistas de alto impacto, así como una destacada trayectoria en docencia y tutoría de residentes, promoviendo el desarrollo académico y práctico en entornos hospitalarios y de investigación.
Participa activamente en diversas sociedades científicas internacionales, entre ellas SEI, SICAM, GETICA, FOCIS y GEAI.